El maravilloso sitio donde s encuentra el Santuario de Notre-Dame-du-Cap ha sido frecuentado por los misioneros jesuitas desde el año 1634.

Fue ahí donde en 1678, crearon la parroquia de Sainte-Marie-Madeleine. Una primera capilla de piedras construida bajo el régimen francés, fue inaugurada en 1720. En 1789, los parroquianos deseaban construir una iglesia más grande. Para ello, tendrían que transportar las piedras a través del río congelado durante el invierno, pero un clima templado les impidió el ejecutar el trabajo, ya que el río no se congeló durante ese invierno. El sacerdote Luc Désilets pidió entonces a los parroquianos rezar el rosario para obtener un puente de hielo sobre el río. Los meses transcurrieron. Enero, febrero, marzo… Pero los parroquianos insistieron en sus rezos.

No fue sino hasta la noche del 16 de marzo, que un pasaje de hielo se formó en el río sobre una distancia de alrededor de dos kilómetros. Del 19 al 25 de marzo, los parroquianos pudieron efectuar el transporte de la piedra y los materiales de construcción, gracias a alrededor de cien coches jalados por caballos. Las personas mismas que cargaron las piedras sobre el puente de hielo, lo bautizaron el “Puente de los Rosarios”. Ellos bien lo sabían, que ese Puente había sido la respuesta de María a sus rezos. La Antigua iglesia se salvó así de la destrucción, y sería consagrada a la Vírgen María el 22 de junio de 1888.

Esa misma noche, el feliz Padre Frédéric Jansoone y dos testigos más, incluyendo el sacerdote Luc Désilets, vieron a la estatua de la Vírgen situada sobre el altar mayor abrir los ojos.

Ese milagro se llamó el “Prodigio de los Ojos”. Ese día memorable marcó el comienzo del Santuario de Notre-Dame-du-Cap. En seguida de estos extraordinarios acontecimientos, los peregrinajes a la Vírgen se multiplicaron rápidamente y se erigió una gran Basílica moderna la cual se inauguró en 1964. El Papa Juan Pablo II la visitó en su peregrinaje de 1984.