En 1659, a la edad de 36 años, Francisco de Laval desembarcó en la Nueva Francia. Como primer Obispo de la diócesis de Québec, que se extendía desde Acadia hasta Luisiana, Francisco de Laval trabajó incansablemente para construir la Iglesia naciente.

Pastor dedicado, recorría a menudo largas distancias en canoa y a pié, utilizando zapatos de nieve durante el invierno (raquettes) para visitar y reconfortar a sus ovejas. Su grande devoción hacia la Santa Familia y los Santos Ángeles Guardianes unida con su fe indefectible en la Providencia hacen de él un director espiritual inspirador.

Educador convencido, Francisco de Laval fundó la comunidad de sacerdotes del Seminario de Québec, el Pequeño Seminario para los jóvenes, el Gran Seminario para el entrenamiento de los candidatos al sacerdocio y la escuela “Grande Ferme” para formar a los artesanos.

Administrador y hombre inteligente, Francisco de Laval desarrolló la Côte-de-Beaupré, asegurando así una estabilidad financiera para la búsqueda y realización de sus audaces proyectos.

Hombre de fe y de principios inquebrantables, Francisco de Laval combatió durante veinte años el tráfico de calvados (bebida alcohólica) entre los franceses y los nativos de America.

Enfermo y después de mucho sufrimiento, Francisco de Laval murió a la edad de 85 años. Su cuerpo descansa en la capilla funeraria de la Basílica-Catedral de Notre-Dame de Quebec desde el año 1993.

Beatificado por el Papa Juan Pablo II en 1980 y canonizado por el Papa Francisco en 2014, San Francisco de Laval dejó una herencia material y espiritual inestimable a la Iglesia de Quebec.

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